Recorro tu cuerpo
con la mirada
y no veo el momento
de empezar a hacerlo
con las manos.
Me pierdo en esos ojos verdes
que dicen mucho
y no prometen nada.
Me paras es corazón
con un roce de tus labios.
Me sonríes, me besas, vienes, vas...
Bailas a mi alrededor
como si no estuviera.
No sé muy bien
a que juegas niña,
pero siempre preferiré
estar en tu banquillo
como acusado
a pudrirme de reserva.
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