son erróneas.
Ese es el gran secreto,
la gran trampa
que ni se molesta en atraparte,
porque solo sabes meterte más en ella.
No eliges,
simplemente huyes del dolor
y la ausencia de éste te sabe a triunfo,
como si de un edulcorante artificial se tratase.
Pero si no hay respuestas correctas
tampoco hay preguntas, ni reglas,
solo gatos tirando cosas de la mesa.